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San Ignacio nos propone realizar un bello ejercicio: la “contemplación para alcanzar amor”. Lo que Ignacio desea, es que pueda situarse ante el mundo, ante su historia personal, ante su realidad y ante su proyecto vital reconociendo cómo Dios se halla presente. Dios no solo pasa por la vida, sino que late en ella. Esto supone que podemos mirar a la creación y ver en toda ella, lo que significa el amor de Dios. Un amor “que sale de su propio querer e interés” y nos impulsa a transformar la creación desde y por amor. |
Líneas de Fuerza 26/27
Reconciliados por Dios en un mundo herido
Curso 2026/2027 |


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EL SUEÑO DE DIOS - LIBRES PARA SERVIR: Dios nos creó para una vida en plenitud. Alcanzar esa plenitud pasa por SERVIR A DIOS, y esto se concreta en el servicio a los demás. Sin embargo, podemos usar nuestra libertad para servir a otras cosas y a otros señores (Mt 6, 24 / Lc 16, 13). Es así cuando rompemos el sueño de Dios para nosotros. Esa ruptura es el pecado: alejarse de Dios y del prójimo, y en consecuencia, perder la verdadera felicidad.
CONCEPCIÓN DEL PECADO: Entonces, el pecado es la ruptura de la relación con Dios y con los demás; es no ser capaz de acoger todo el amor que el Señor me ofrece. En primer lugar, es una realidad personal que nos lleva a actitudes contrarias al Evangelio como la pereza, la codicia o el individualismo. También se concreta en actitudes intolerantes hacia las personas de mi alrededor, cuando no las acepto tal y como son o tengo envidia de sus talentos. Por lo tanto, el pecado me daña a mí el primero. Pero, también es importante saber que a Dios le duele mi pecado personal y que éste afecta a los demás. Esto último nos lleva a entender que el pecado es también una realidad social que adquiere una dimensión estructural y produce muchas víctimas, como sucede con la explotación, la marginación social o la guerra.
Ante estas realidades, San Ignacio nos invita a avergonzarnos del mal que hacemos, al que contribuimos, o del bien que dejamos de hacer. No se trata de sentirse culpable, sino responsable. He respondido mal a la invitación de amar, pero puedo hacerlo bien en la próxima ocasión. La misericordia gratuita de Dios, que siempre está presente, me recuerda que Jesús me ama, me perdona, y me da otra oportunidad. |
TOMAR CONCIENCIA - NO TODO VALE:
El primer paso es caer en la cuenta del pecado, porque sin ello no hay posibilidad de cambio. Con frecuencia, no somos plenamente conscientes del mal presente en nuestra vida y en el mundo; lo ignoramos. Es necesario abrir los ojos y reconocer que el pecado existe y que también tiene que ver conmigo. No todo vale: hay límites claros y realidades que no tienen cabida en una vida auténticamente cristiana. A través del examen ignaciano, la oración o el acompañamiento espiritual, descubrimos nuestra contribución con la herida del mundo y le pedimos al Señor su ayuda para cambiar aquello que nos impide amar.
CONVERSIÓN - RECONCILIADOS POR DIOS: El pecado, lejos de ser un callejón sin salida, es lugar de revelación, porque es en mi fragilidad donde se revela con más fuerza hasta dónde llega el amor de Dios por mí. El deseo de conversión surge del reconocimiento de cómo Dios, también con mis debilidades y mis errores, me sigue ofreciendo su amistad. Él me conoce, me ama y sabe del bien del que soy capaz. Jesús me acepta y sigue contando conmigo, igual que el padre bueno acoge al hijo pródigo. El Dios de la revelación cristiana es un Dios que abraza. No se trata de mérito ni de fuerza propia, sino de acoger el perdón como don gratuito. El pecado es la herida por donde penetra la gracia. El verdadero pecado sería no aceptar este regalo.
EL ENCUENTRO CON JESÚS: El perdón de Dios se hace visible en las acciones y en el modo de actuar de Jesús. La curación del paralítico traído por sus amigos es un signo de ello (cf. Mc 2,1-12) El Señor mira más allá de nuestras malas decisiones y nos libera del bloqueo y de la parálisis que nos causa el pecado. Él nos invita a caminar y a crecer. Él reintegra y devuelve la dignidad a la persona. Al ver la sensibilidad de Jesús con nuestra vida y su modo de reparar nuestras heridas, se hace inevitable pensar cómo nosotros correspondemos a tanto amor y surge preguntarnos: qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo, qué debo hacer por Cristo
DIOS ES AMOR y MISERICORDIA: El centro de la primera semana de los Ejercicios Espirituales no es el pecado, sino la misericordia y el amor de Dios. Es una llamada a vivir en la esperanza, que nunca defrauda, y a experimentar su amor y el perdón que nos levanta y nos pone de nuevo en camino.
LEVÁNTATE y ANDA: Somos invitados a saborear la paz y la alegría de sabernos perdonados y ser capaces de transmitir esto a los demás. El amor y la misericordia de Dios no son sólo para nosotros, sino que nos compromete a ser también portadores de la Buena Noticia.
Este curso estamos llamados a vivir las palabras de Jesús al paralítico: Tus pecados te son perdonados. Levántate, coge la camilla y echa a andar (cf. Mc 2,9). Haz tú lo mismo:
¡LEVÁNTATE Y ANDA! Reconciliados por Dios en un mundo herido
Escuchar Canción de las Líneas de Fuerza 2026/2027
Presentación del cartel y el Lema
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